COOPERATIVISMO OBRERO, CONSEJISMO Y AUTOGESTIÓN SOCIALISTA

      ALGUNAS LECCIONES PARA EUSKAL HERRIA


      5.4. CUBA, EXCEDENTE COLECTIVO E IDENTIDAD NACIONAL

      Los pueblos indios que sufrieron la primera oleada de invasiones europeas fueron los ciboneyes y los taínos, que vivían en las islas y el territorio de lo que ahora es Cuba. A pesar de los excasos datos disponibles, sabemos que los taínos, más desarrollados que los ciboneyes, guardaban el excedente social colectivo en la "casa grande", según la denominó Colón, que además era el sitio de asambleas y reunines deliberativas, rituales, etc. Cuenta R. Guerrero en su imprescindible "Manual de historia de Cuba" que: "La matanza de los indios en el pueblo de Caonao, durante la expedición de Narváez y Las Casas por el territorio de la Isla, comenzó cuando numerosos indios estaban reunidos en "la casa grande" del poblado". El autor citado explica cómo los taínos se relacionaban en base a la "ayuda mutua" entre las familias y los clanes, que establecían alianzas amistosas para responder a las necesidades cambiantes, y que, en comparación a los caribes, más belicosos y agresivos, ellos no habían desarrollado aún la forma tribal de vida, surge como sistema de autodefensa ante las agresiones exteriores. Sin embargo, ello no les impidoó resistir a la invasión europea:

      "Los taínos de Cuba pelearon contra los conquistadores bajo la dirección de Hatuey, Caguax, Guamá y otros caciques, cuyos nombres han recogido los documentos dela época. La resistencia que ofrecieron fue débil e ineficaz, porque carecían de medios de subsistencia, de organización y de armas, pero la hostilidad al dominador no cesó sino con la absoluta libertad que les fue concedida treinta o cuarenta años después de la conquista". Tenemos aquí uno de los primeros ejemplos de victoria de una lucha de resistencia étnica ante la invasión extranjera. Resistencia tanto más meritoria cuanto que, en primer lugar, era abrumadora la diferencia de productividad material del trabajo entre ambos contendientes: "Un labriego español provisto de una azada realizaba, según Las Casas, igual labor que treinta indios con coas y hachas de piedra"; y, en segundo lugar, los invasores disponían de una superioridad aplastante en armas y equipos. Sin embargo, pese a todo, la resistencia indígena, latente al princio, se endureció desde antes de 1524 manteniéndose hasta casi 1550, con el reconocimiento de sus derechos por los españoles:

      "En los primeros años, cuando el número de pobladores españoles era grande y aumentaba sin cesar, los indios permanecieron sumisos, pero despuès que la Isla empezó a despoblarse, alentaron la esperanza de liberars ed ela servidumbre. No pocos de ellos se fugaron a los momntes en franca rebeldía (...) En 1524, poco después de morir Velázquez, los indios rebeldes, ya más atrevidos y numerosos, dieron muerte a varios españoles y hacían inseguros los caminos (...) Cada vez uno de éstos --indios-- era muerto, la cabeza, clavada en la punta de un palo, se colocaba a la entrada de las poblaciones, para scarmiento delos demás. No obstante, la rebelión continuó (...) Una terrible epidemia de viruelas diezmó por segunda vez la población india en 1530, la cual quedó reducida a las dos terceras partes. Con este motivo los alzamientos disminuyeron, excepto en la zona de Baracoa, donde un cacique llamado Guamá vivía independiente en las zonas montañosas y reunía mayor número de indios bajo su mando cada vez. La rebelión violvió a recrudecerse (...) Para perseguir a los rebeldes, se organizaron cuadrillas mixtas, formadas de españoles, negros e indios, a pesar de que también había negros alzados. Estos, según el testimonio de sus perseguidres, peleaban hasta morir. La esclavitud o la horca era el destino que esperaba a los indios prisioneros".

      A lo largo de esta primera resistencia india contra los conquistadores, éstos aplicaron una táctica terrible: "Además de las cuadrillas mixtas ya mencionadas, hubo otras de indios exclusivamente, pagados por los concejos para perseguir a sus hermanos de raza. Las cuadrillas de españoles daban poco resultado, según decían los procuradores a Carlos V en 1542. En cambio, las constituidas por "indios naturales" rastreaban, mataban o apresaban con mayor facilidad a los rebeldes. El empleo de estas cuadrillas era, a juicio de dichos procuradores, el mejor medio parta acabar con los alzamientos". Sin embargo, la cruel guerra no terminó con victoria española sino al contrario. Precisamente en ese año de 1542, se decretó la abolición de las encomiendas, una de las razones de la sublevación india, pero todavía en 1550 no se habían erradicado del todo no tampoco habían desaparecido todos los focos de resistencia. Incluso en 1553, cuando terminaron de hacerse efectivas todas las reformas de 1542, seguía existiendo "palenques", grupos de indios y negros irreductibles.

      Nos hemos detenido un poco en esta primera guerra de liberación étnica en Cuba porque anuncia algunas de las constantes de lo que será la historia porterior de la Isla, aunque se librarse en una formación social corroida por contradicciones precapitalistas en su inmensa mayoría, y por muy pocas contradicciones del incipiente capitalismo comercial aun no cohesionado políticamente por un Estado con mayoría burguesa. Aún así, dicha guerra adelanta lecciones básicas porque se desenvolvió dentro de una economía dineraria con predominancia cualitativa de la mercancía, especialmente de la fuerza de trabajo humana sometida a la explotación de la plusvalía absolutaa al ser esclava. Los taínos se sublevaron porque se negaron a ser deshumanizados mediante la explotación en las encomiendas, y también los negros esclavizados en Africa y trasladados a Cuba. Los taínos que aceptaron la opresión, al igual que los negros que aceptaron la esclavización se comportaron como los trabajadores actuales que aceptan el capitalismo.

      El uso de "indios naturales" como fuerzas represivas especialmente aptas para exterminar a sus propios hermanos había sido una táctica ya empleada contra otras luchas, y se ampliaría posteriormente. Dicha táctica exige que el invasor busque, potencie y logre la rotura de la unidad grupal, identidad étnica y/o conciencia nacional, según los casos. El objetivo es conseguir la lucha fratricida interna, y lograr que una parte degenere y se aliene lo suficiente como para corromperse hasta la abyección de transformarse en fuerzas colaboracionistas con y del ocupante. En la historia posterior de Cuba, como en la de todos los pueblos invadidos, esta táctica ha sido propiciada por los sucesivos poderes extranjeros. Ahora bien, como hemos visto, para aplicar esta táctica es necesario contar con el apoyo de sectores del país, de la propia nación, sectores que acepten ser fuerzas represivas especiales en defensa de los intereses del pooder opresor y, en los casos de ocupaciónj naiconal, de los del ocupante. Tanto en una como en otra situación, ello nos remite a las contradicciones sociales existentes en esa comunidad, en esa nación. Nos remite, en definitiva, a la lucha de clases. De este modo, al margen de las divagaciones demagógicas de tantos "estudiosos" sobre la llamada "cuestión nacional", la realidad histórica marcada por las crecientes contradicciones de la esconomía dineraria y, dentro de esta y como última materialización suya, del modo de producción capitalista, --esta realidad-- impone una dialéctica objetiva entre lucha de clases e identidad nacional.

      La experiencia de Cuba no es ajena a ello, no puede ser ajena como tampoco puede serlo la de cualquier otro pueblo. El exterminio de las naciones indias, ciboneyes y taínos, simultáneo a la extinción de sus estructuras socioeconómicas de producción y acumulación del excendente social colectivo, que se guardaba en la "casa grande", no anuló definitivamente dicha dialéctica objetiva, sino que fue el final de una fase menos intensa en contradicciones y el comienzo de otra más brutal y terrible. Sucesivos aluviones de gentes de varias culturas formaron con el tiempo un colectivo que fue creando conciencia de comunidad trabajadora y una nueva identidad en el mismo poceso de resistencia al expolio español y después, sin ningún sólo día de descanso, al imperialismo yanki tras un breve perido de guerras y ocupación británica en la mitad del siglo XVIII. Pero también en el mismo proceso de lucha contra las clases ricas cubanas aque unían su suerte a la de las sucesivas potencias extranejeras ocupantes. Tal necesidad permanente creó un sentimiento nacional cubano que explica la impresionante historia revolucionaria de este pueblo. Naturalmente, en dicha identidad había intereses sociales antagónicos, los de una minoría propietaria dispuesta a obedecir a cualquier ocupante extranjero con tal de seguir enriqueciéndose, y los de una minoría consciente de la gravedad de la situación. Entre ambas, una mayoría cada vez menos dubitativa y progresivamente orientada hacia la liberación nacional.

      Como veremos luego, semejante evolución histórica y sobre todo el poceso revolucionario de liberación nacional en su última fase, aparentemente no tendría nada que ver --en apariencia, repetimos-- con la teoría marxista. Sin embargo, han sido las sorprendentes y excepcionales condiciones de la formación social cubana, constituyéndose ella misma atenazada entre un imperio en descomposicón y otro en ascenso, las que, de nuevo, confirman la corrección teórica del marxismo. En secreto no es otro que el pueblo cubano tuvo que crear su identidad durante el mismo proceso de defensa de sus riquezas colectivas, luchando contra el saqueo y el expolio imperialista. A lo largo de una resistencia sostenida por generaciones, los intereses de la minoría rica aliada con el ocupante de turno fueron perdiendo legitimidad y fuerza frente a los de la cada vez más amplia mayoría independentista y revolucionaria que sólo reivindicaba ser dueña de su propio excedente social colectivo. Los pueblos indígenas habían luchado y seguían luchando por lo mismo, con la simple diferencia de las características de su contexto material y simbólico. El pueblo cubano, en otro contexto, hacía otro tanto. La corrección de la teoría marxista radica, además de en otras razones, también en haber demostrado la esencia material del excedente social colectivo y las contradicciones que se desencadenan cuando una minoría pretende apropiarse del producto del trabajo --ese excedente-- social.

      El desarrollo de estas pugnas en Cuba se dio dentro de los cauces adelantados por el marxismo, como se comprueba al leer los textos de Julio Antonio Mella, jóven comunista asesinado por el gobierno del dictador Machado el 11 de enero de 1929. Mella, pese a su juventud, dio en el centro del problema histórico al afirmar en "La única salida" que: "El dominio yanqui en la América no es como el antiguo dominio romano de conquista militar, ni como el inglés, de imperio comercial disfrazado de Home rule, es de absoluta dominación económica con garantías políticas cuando son necesarias". Mella estaba diciendo que en la fase imperialista del capitalismo, la dominación norteamericana en la América se realizaba mediante la absoluta explotación económica, que es lo decisivo, pudiendo adquirir en sus formas de gobierno diversas apariencias políticas diferentes que garanticen pese a todo la dominación yanki. Ya en este nivel de desarrollo histórico de las contradicciones capitalistas, y por tando de las opresiones que sufren los pueblos dominados, lo decisivo es la capacidad de las fuerzas revolucionarias para presentar un programa que exprese esa realidad de total antagonismo porque la opresión es a su vez total.

      No debe sorprender, por tanto, que habiéndose llegado a un grado tal de irreconciliabilidad del pueblo trabajador de Cuba con la dominación yanki, al margen de los gobiernos de turno que la defendiesen, uno de los factores que minasen el poder de la dictadura de Batista en la retaguardia urbana, en las grandes ciudades y en los centros industriales, fuera la radicalización del movimiento obrero pese a las férreas cadenas represivas y de control que lo amordazaban. El imparable posicionamiento revolucionario de las masas y, a la vez, la capacidad integradora del Ejército Rebelde para presentar un programa abierto y aglutinante de todas las demandas sociales, ambos fenómenos, que deben integrarse en la dialéctica de la aceleración de las contradicciones en Cuba, fueron los que dieron la victoria a los revolucionarios en el invierno de 1958-59. Primero en el campo, con la creación de los "congresos campesinos en armas" y después en el resto del país como los "congresos obreros en armas", las masas trabajadoras se autoorganizaban siguiendo los criterios definidores esenciales que el Trabajo empezó a experimentar desde hacía más de un siglo en el capitalismo europeo más desarrollado.

      Dejando de lado las necesarias y lógicas diferencias de forma, correspondientes a las contingencias históricas particulares que dependen de las formaciones sociales concretas, también en Cuba las masas trabajadoras tendieron a desarrollar la autoorganización e independencia del Trabajo en su lucha contra el Capital, a pesar de los enormes obstáculos impuestos por la dictadura de batista. Podemos leer en "Historia del movimiento obrero cubano", las decisiones de la reunión del "congreso obrero en armas" celebrado los días 8 y 9 de diciembre de 1958, entre las que destacamos: "El congreso desautorizó a la CTC y a la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (ambas mujalistas) --corrupta burocracia político-sindical fiel a Batista-- y les negó todo derecho para discutir con los hacendados y colonos los problemas relacionados con la zafra azucarera o con cualquier otro asunto, y acordó crear comisiones de trabajadores que organizaran, sin sectarismos, elecciones libres en todos los centros laborales de las zonas liberadas, a fin de que los obreros tuvieran la oportunidad de destituir a las repudiadas directivas impuestas y elegir democráticamente a sus líderes. Estas comisiones se encargarían, además, de discutir los contraros de trabajo con los patronos de sus respectivos centros".

      Sin embargo, el movimiento obrero cubano no estaba constreñido sólo por la represión interna, sino que además, dentro de los muy reducidos espacios de movilización, era apreciable el control del PC, que se distinguió por su colaboracinosmo político con la dictadura, por su oposición pública al Ejército Rebelde y, lógicamente, por una caricaturización trágica del marxismo. Pero, por si fuera poco, también el Ejército Rebelde sufría de una carancia teórica inquietante. Como es sabido, solamente Che Gebara tenía un conocimiento básico del marxismo que, aunque muy influenciado por el stalinismo, disponía ya de un núcleo crítico y dialéctico, ético y democrático socialista, que se enriquecería con el tiempo. Raúl Castro tenía un conocimiento bastante más restrinfico y Fidel Castro era, en aquella época anterior a la victoria, un consecuente y heroico demócrata revolucionario que no tenía crítica que hacer al marxismo, y que nombró a Che responsable de la foramción teórica de los guerrilleros. A estas condiciones subjetivas hay que añadir las objetivas del empobrecimiento extremo de Cuba vampirizada por los EUU.

      El desarrollo de la revolución, sus logros gloriosos pero igualmente sus limitaciones internas, que irían creciendo en la medida en que decrecía la influencia de Che y aumentaba la de la URSS, este proceso no puede entenderse, pese a todo, si no apreciamos en su justo valor la fuerza del pueblo cubano y su dignidad frente a la multiplicación de las agresiones. De hecho, se produjo un enriquecimiento de la conciencia nacional precisamente como respuesta a la ferocidad imperialista. De este modo, en el primer año de gobierno revolucionario tanto las masas trabajadoras como el Ejército Rebelde se vieron sometidas a una vorágine de presiones exteriores, limitaciones interiores y escaso desarrollo teórico que deben tenerse en cuenta. Por ejemplo, Che, con su honestidad proverbial, no tuvo problemas en reconocer públicamente sus limitados conocimientos para enjuiciar la autogestión yugoslava que había conocido en el viaje a ese país en el verano de 1959. Decía esto mientras que él y Raúl Castro procedían a crear un aparato vertical de Estado en el que se integraron sin apenas problemas más y más miembros del PC cubano, con una policía, la G2, que absorvió a militares exbatistas.

      Simultáneamente, era Che quien dirigía el impulso hacia una profundización en las reformas democrático-radicales durante año y medio como única respuesta a las agresiones yankis y a la resistencia de la burguesía cubana. También era él quien en una fecha tan temprana como el 8 de febrero de 1959, justo a las cinco semanas de la victoria, decía en el "Discurso en "El Pedrero"" que: "Debemos señores, ir rápidamente a la constitución de Asociaciones Campesinas, que sean primero por barrios, como hicimos alguna vez en Gavilanes, y que después se vayan aumentando en federaciobes regionales hasta constituir una gran federación nacional campesina, que sea la encargada de distribuir toda la tierra, pero que sea contriolada directamente por el pueblo, es decir, la conscotución de estas federaciones debe nacer de la voluntad popular y no de la vountad de ningún gobierno, por bueno que sea. Las Federaciones deben constituirse de abajo hacia arriba por el voto popular y no de arriba hacia abajo".

      Que esta declaración tajante de Che no era fortuita y para la galería, producto del fervor voluntarista y triunfalista tras el muy reciente triunfo revolucionario, sino que mostraba su profundo ideal democrático socialista, lo podemos constatar justo al cabo de un año, el 7 de febrero de 1960, en el "Discurso a los trabajadores de la industria textil". El estilo del discurso sugiere que amparándose en las dificultades habidas para organizar un amplio recibiento a Anastas Mikoyan, representante dela URSS, Che quiere decir que el pueblo de Cuba es más que lo que se le está mostrando, pero además dice que: "Esa es la base de nuestro triunfo --el esfuerzo del pueblo--. Nuestro triunfo no será el triunfo de personalidades aisladas, no puede ser siquiera el triunfo de Fidel Castro, siendo como es el lider indiscutido de todos nosotros. Nuestro triunfo es el triunfo del pueblo entero". ¿Estaba advirtiendo Che de una incipiente deriva hacia el llamdo "culto a la personalidad", que era la excusa puesta por el PC de la URSS para justiciar las monstruosidades de Stalin? En los escritos de aquella época no hay datos que permitan responder a esta pregunta, pero sí se van acumulando sus advertencias y críticas a una serie de problemas que lastran el proceso revolucionario y que se aparecen explícitamente expuestos con toda la brillantez de Che, pero con las lagunas de su marxismo de aquella época, en el "Discurso a la clase obrera" del 14 de junio de 1960:

      "Y hoy, cuando se produce el proceso dela industrialización, dándole una gran importancia al Estado, muchas veces los obreros ven el Estado a un patrón más, y lo tratan como un patrón. Y como este es un Estado que precisamente es todo lo contrario a un Estado-Patrón, tienen que establecerse diálogos muy largos, muy fatigosos, con los obreros, que evidentemente, al fin se convencen, pero que durante esa época, durante ese tiempo, han frenado el desarrollo". Sigue diendo Che: "Evidentemente que también habrá errores del parte del Gobierno, y el dirigente obrero tendrá que señalar esos errores, y tendrá que señalarlos con energía si los errores son repetidos y si no se corrigen. (...) Y allí está la tarea del dirigente obrero; ir, mostrar el error, y convencer, si es necesario, al diorigente para rectificar el error, y seguir ese camino por vía ascendente, hasta llegar a los más altos nioveeles del Gobioerno Revolucionario, hasta que se enmiende el error. Y también mostrar a sus compañeros cuál es el error y cómo hay que combatirlo, cómo hay que ir a enmendar eso, pero siempre por la vía de la discusión".

      A continuación Che entra a saco en la gravedad del momento: "Es inadmisible, y sería el principio de nuestro fracaso, que tuvieran los obreros que declararse en una huelga, por ejemplo, porque los patrones-Estado --y estoy hablando del proceso de industrialización, es decir, de la participación mayoritaria del Estado en todo ese proceso--, vayan a ponerse en una situación tan intransigente y tan absolutamente absurda que los obreros tengan que llegar a la huelga. Eso sería el principio del fin del gobierno popular, porque sería la negación de todo lo que hemos estado sosteniendo". Che reconoce que hay empresas en las que todavía algunos sectores no han comprendido los beneficios de la economía planificada, y profundiza en la autocrítica al reconocer que el plan de "gobierno mixto de las fábricas" que él mismo se comprometió a presentar al ser el Jefe del Deparpamento de Industrialización, ese plan, aún está sin concluir. Sin embargo, y a pesar de su sinceridad autocrítica y constructiva, en ningún momento habla de las clásicas y permanentes formas del control obrero, de los consejos, etc., y de sus relaciones con los sindicatos y el Estado. La palabra "soviets" no existe y todo el discurso muestra una inquietante distancia entre el Estado, que está arriba, y los trabajadores, que están abajo. Las tareas de los dirigentes obreros son las de servir de enlances --mejor decir ascensores-- entre ambos extremos, y, en todo caso, como hemos visto, recordar a unos y otros sus obligaciones respectivas.

      A mediados de 1960 esta concepción era abrumadoramente dominante en la izquierda mundial porque las corrientes consejistas, luxemburguistas y trostskistas, por citar las más conocidas, eran minoritarias o muy minoritarias. En la Cuba de ese año, además, el concepto de "socialismo" casi no aparece por ningún lado, todavía. En la "Primera declaración de La Habana" del 2 de septiembre de 1960, Castro no lo usa, como tampoco el de "clase obrera" en general aunque sí cita una vez al "obrero azucarero" y a los "sindicatos obreros" cuando habla de América. El sujeto estructurante es el "pueblo" pero tampoco aparece el concepto de "pueblo trabajador". Sin embargo, en el fondo de la declaración palpita una lógica marxista recubierta aún de lenguaje democrático-revolucionario.

      De todos modos, esa lógica marxista va subiendo rápidamente a la superficie, como se demuestra en el discurso de Castro "Ante la ONU" de sólo 24 días más tarde. No podemos entrar ahora a discutir si Castro conocía o no, y menos aún si estaba de acuerdo o no con la teoría marxista de la revolución permanente, que ya aparece embrionariamente en Marx, que fue profundizada por Trotsky en 1904-05 y finalmente confirmada por Lenin en sus decisivas "Tesis de Abril" de 1917, sin preocuparnos aquí por esas interesantes cuestiones, sí es innegable que al margen de la voluntad de Castro, su discurso "Ante la ONU" confirma la vigencia de dicha teoría al menos en Cuba. Castro va enumerando los problemas, las agresiones yankis, las medidas suscesivas de respuesta, las nuevas agresiones imperialistas más duras que las anteriores y, consiguientemente, las nuevas respuestas cubanas dentro de un proceso revolucionario permenente hasta que: "Pero viene la tercera ley, ley imprescindible, ley inevitable, inevitable para nuestra patria, e inevitable más tarde o más temprano para todos los pueblos del mundo... al menos para todos los pueblos del mundo que no lo hayan hecho todavía: la Ley de la Reforma Agraria".

      Castro estaba teorizando y hablando en marxismo porque la Reforma Agraria no era sino la forma que adquiría en Cuba lo esencial de la "expropiación de los expropiadores", proceso revolucionario que empezó cuando las guerrillas confircaban tierras a los latifundistas y las entragaban a los campesinos, que siguió ampliándose permanentemente y que dio un salto cualitativo con la Reforma Agraria. Marx escribió una vez en El Capital que "No lo saben, pero lo hacen". Y sin haber transcurrido tres meses, el 15 de diciembre de 1960 en "La clase obrera debe conquistas el poder político", Castro es ya explícito: "la revolución basa su fuerza en la clase obrera, en la clase campesina, y cuando nosotros decimos campesino estamos pensando también en esa parte de la clase obrera que es campesina, como el obrero agrícola". Y algo más adelante, Castro afirma:

      "A la clase obrera se le mantenía impotente, se le mantenía dividida sin luchar por las verdaderas metas por las que debe luchar la clase obrea. Y ¿saben ustedes cuál es la primera meta por la que debe luchar la clase obrera, la única meta por la cual debe luchar fundamentalmente la clase obrera en un país moderno? ¡Por la conquista del poder político! Porque la clase obrera es la clase absolutamente mayoritaria, la clase obrera es la clase fecunda y creadora, la clase obrera es la que produce cuanta riqueza material existe en el país. Y mientras el poder no esté en sus manos, mientras la clase obrera permita que el poder esté en manos de los patronos que los explotan, que el poder esté en manos de los especuladores que los explotan, de los terratenientes que los explotan, de los monopolios que los explotan, de los intereses extranjeros o nacionales que los explotan, mientras las armas estén en manos de la camarilla al servicio de esos intereses, y no en sus propias manos, la clase obrera estará condenada en cualquier parte del mundo, a una existencia miserable".

      Las cartas están echadas y el futuro no dependerá ya de la suerte sino de la lucha revolucionaria. La Reforma Agraria, que fue un salto cualitativo en el proceso,bien pronto pasará a ser el inicio de un nuevo proceso dentro de la permanencia de la revolución, pero aún más decisivo. El 16 de abril de 1961, un día antes del desembarco de tropas mercenarias en Playa Girón, Castro lanzó el discurso "Revolución socialista y democrática" en que terminaba con la consigna "¡Viva la revolución socialista!", entre otras más. Pero fue el día siguiente, en el "Comunicado de guerra del gobierno revolucionario de Cuba" donmde encpontramos la más vibrante y plena definición del proceso revolucionario, la síntesis del porqué y del para qué de la independencia cubana:

      "¡Adelante cubanos! A contestar con hierro y fuego a los bárbaros que nos desprecian y que pretenden hacernos regresar a la esclavitud. Ellos vienen a quitarnos la tierra que la revolución entregó a campesionos y cooperativistas; nosotros combatimos para defender la tierra del campesino y el cooperativista. Ellos vienen a quitarnos de nuevo las fábricas del pueblo, las centrales del pueblo, las minas del pueblo; nosotros combatimos por defender nuestras fábricas, nuestras centrales, nuestras minas. Ellos vienen a quitarles a nuestros hijos, a nuestras muchachas campesinas las escuelas que la revolución les ha abierto en todas partes; nosotros defendemos las escuelas de la niñez y del campesinado. Ellos vienen a quitarles al hombre y a la mujer negros la dignidad que la revolución les ha devuelto; nosotros luchamos por mantener a todo el pueblo esa dignidad suprema de la persona humana. Ellos vienen a quitarles a los obreros sus nuevos empleos; nosotros combatimos por una Cuba liberada con empleo para cada hombre y cada mujer trabajadores. Ellos vienen a destruir la patria y nosotros defendemos la patria. ¡Adelante cubanos, todos a los puestos de combate y de trabajo!".

      Dificilmente encontraremos una tan radical, definitiva y bella definición de la independencia socialista de una nación trabajadora. La confluencia de fuerzas e intereses particulaes, de cada sector de la clase obrera y del pueblo en general, en un único objetivo --"una Cuba liberada"-- sólo fue posible porque la revolución había puesto al descubierto la raíz material de todos y cada uno de los componentes de la vida colectiva cubana, sobre todo de los que aparecen a primera vista como "factores ideales", "subjetivos", "culturales", etc. Habían bastado menos de dos años y medio, del 1 de enero de 1959 al 17 de abril de 1961, muy corto período de vigencia del poder revolucionario, para que las masas pudieran contrastar y comparar en su vida diaria, en su felicidad cotidiana, en su placer y alegría vital, la diferencia cualitativa entre explotación y liberación. Y en definitiva, en el momento de la comparación lo que prima es la ganancia material que se obtiene, aunque sea en cuestiones culturales y simbólicas, que siempre nos remiten en última instancia al control y uso público o privado del excedente social colectivo.

      Volvemos aquí al problema crucial destacado por el marxismo --de hecho nunca lo hemos abandonando a lo largo de este texto-- y que Luis Tapia en "El movimiento de la parte maldita", ha expresado así: "La cuestión clave en el consumo del excedentge es la de la sobreranía, es decir, el cómo y quienes gastan ese excedente. El tiempo y el modo de gasto social del excedente dependen del modo en que se ha organizado el tiempo de la producción, esto es, la soberanía y el gasto dependen de la estructura de clases. El excedente funda o instituye también la dominación, o la exclusión de los trabajadores del gasto de él. Se podría decir que hay soberanía de la comunidad cuando el tiempo y los sujetos del gasto del excedente se corresponden con los de la producción. Hay soberanía sobre la comunidad cuando la participación den el tiempo y las formas del gasto del excedente es desigual y los sujetos del consumo no son los mismos que los de la producción. La soberanía consiste en el gasto del excedente. La política suele ser considerada como el campo privilegiado de la sobreranía porque en ella se decide la dirección del consumo y los grados de inclusión o exclusión en los momentos y formas del gasto".


      5.5. EL MARXISMO DE CHE Y LA INDEPENDENCIA DE LOS PUEBLOS

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